Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

viernes, 30 de diciembre de 2011

(126) Y ese día, sin duda sin haberlo merecido, me canonizaron... En vida y con publicidad
E quel giorno, senza dubbio non avendolo meritato, mi canonizzarono... In vita e con pubblicità

Corso Valdocco, en Torino (o Turín, si prefieren) cruza vía Garibaldi, la elegante calle-paseo que une las plazas Castello y Statuto, pocos metros antes de esta última, que conmemora el estatuto otorgado por el rey Carlo Alberto de Saboya. Estamos, por tanto, al abrigo de las cumbres más altas de los Alpes, en el corazón de la capital del Piamonte, la primera capital de Italia que este año 2011, como todo el país, ha celebrado los primeros 150 años de esa unidad de Italia que Torino quiso, promovió y acompañó en sus primeros pasos.
  Pero yo la vía Garibaldi y el corso Valdocco los recorro, los paseo y los observo con otros ojos. Son los del recuerdo, los de mi inquieta adolescencia que guardo en la memoria como si fuera ayer mismo. Eran los años en los que ya tenía más que claro que quería e iba a ser periodista. Por eso, haciendo novillos, en lejanos años del milenio que nos dejamos atrás, muy a menudo recalaba en la redacción de la Gazzetta del Popolo, el gran diario cuya redacción y principal sala de rotativas estaban en el palacio que ven a mis espaldas, en la foto, en el número 2 de corso Valdocco, manzana que llega a la esquina de vía Garibaldi.
  No voy a largar mucho sobre esos tiempos. Sólo decir que fue en esas páginas, cuando firmar costaba años de espera, que vi por primera vez (¿o fue la segunda?) mi nombre y apellido impresos en páginas formato sábana que olían a petróleo. Fue allí de donde salía corriendo para el Palacio de Justicia, la sede central de la Policía o de los Carabinieri, el ayuntamiento, para enterarme entre pasillos, conseguir la primicia, el soplo, ese aspecto singular e inédito que podía enriquecer una crónica. Batallas y batallitas de hace muchas décadas, algunas gordas y muy sabrosas. Pero no voy a aburrirles.
  Aquí quiero recordar otro aspecto. la singularidad de ese barrio del centro turinés. Sabrán Ustedes que el Piamonte, y no hablemos de Torino, es muy fecundo en santidad. Pues se da el caso de que en el mismo corso Valdocco, a menos de cien metros del periódico, hay una estatua de un santo muy amado: San Giuseppe Cafasso, una vida dedicada a las cárceles y a sus pobladores, consolando a muchos y rescatando para la sociedad a no pocos, todo eso mientras dedicaba parte de su misión a cuidar las familias de los detenidos.
  Se da también el caso de que a cien metros de esa estatua están los lugares fundacionales, y todavía son sus sedes centrales, de la inmensa obra de otros dos gigantes. Estos sí que les sonarán: san Giovanni Bosco y san Giuseppe Cottolengo. Dos piamonteses que, el primero volcado en la educación y el otro hacia los enfermos y desheredados, consagraron su vida a los demás y dejaron en los cinco continentes a miles de personas y cientos de lugares enteramente dedicados al prójimo.
  En estos últimos días de finales de 2011, he pasado muchas veces ante la estatua de san Cafasso y he aparcado en la plaza de María Auxiliadora, frente a la basílica, a la estatua y a la casa fundacional de Don Bosco. He entrado para una visita, como he entrado, unos cien metros más abajo, en la primera casa fundacional del Cottolengo, donde seres que la sociedad no quiso, y a menudo no quisieron sus propias familias, viven con la total dignidad debida a un ser humano. Aunque sus semblantes a veces de humano conserven muy poco, por muchos que esmeren con amor sacerdotes, monjas, voluntarias y voluntarios, la mayoría (¡qué dedicación!) jóvenes.
  Me ha gustado la inmersión en el recuerdo (no es la primera vez) y me ha gustado conectar en mis paseos por calles muy conocidas esos primeros y lejanos pinitos periodísticos con la misión humana y social de esos tres grandes hombres. Motivos de reflexión he tenido no pocos, sobre todo teniendo bien presente que también un periodismo honrado y honesto es algo que podría parecerse a una misión. Misión social, desde luego.
  Pero lo serio, lo solemne, no impide la sonrisa. la que afloró en estos días al recordar que hace unas cuantas décadas tuve una especial y directa relación con esos tres santos. Hasta el punto de que a mí también me... canonizaron... Pues sí, fui san Josto Maffeo. Tal cual y en letra de imprenta. Mejor dicho, en titulares.
  La imagen la tienen aquí debajo. La revista de economía y política “Piemonte”, una de las que contaban con mi colaboración, me encargó, para una serie sobre personajes de primera línea en la historia de esta región padre y madre de Italia, que escribiera las biografías de los tres santos citado: Don Bosco, san Giuseppe Cottolengo y san Giuseppe Cafasso. Publiqué las dos primeras y ocurrió que, a punto de salir el número con la tercera biografía, en la tipografía de la revista quisieron gastarme una broma (¿o fue un homenaje?). Pero se les fue la mano y un fallo de organización la armó gorda.
  El “Proto”, el director de la tipografía en el lenguaje periodístico italiano, se llamaba Luigi De Vecchi. Persona seria en el trabajo y, sin embargo, hombre ameno y cordial en los momentos de descanso. Y así, un día, antes de irnos a almorzar con algunos colegas, sin decirnos nada dio orden de que – sólo en un par de ejemplares – la revista apareciera con titular y firma intercambiados. Donde tenía que aparecer: “SAN GIUSEPPE CAFASSO, di Josto Maffeo”, apareció “SAN JOSTO MAFFEO, di Giuseppe Cafasso”.  Es decir, el santo de las cárceles firmaba mi propia biografía.
  ¿Dije que se les fue la mano? Más que eso. A alguien se le olvidó limitar la broma a pocos ejemplares. Y los que alcanzaron quioscos, correos, abonados, etc., fueron muchos. Los suficientes para que en Torino, y en más lugares, mi “santidad” fuera “vox populi”.
  A ver si en lo que me queda consigo por lo menos acercarme a la calificación de “buena gente”. Que ya sería mucho.

sábado, 24 de diciembre de 2011

(125) ¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ 2012!
FELICE NATALE, FELICE 2012!



Os deseo muchos posts, tweets, mails, Sms y, sobre todo, la feliz compañía de vuestros seres queridos en unas fiestas que tod@s merecéis serenas, divertidas, esperanzadoras y dignas de ser recordadas.

Vi auguro molti post, tweet, mail, Sms e, soprattutto, la felice compagnia dei vostri cari in festività che tutti meritate serene, divertenti, di buon auspicio e degne di essere ricordate.












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jueves, 8 de diciembre de 2011

(124) Incomprensión, impotencia, compasión y respeto ante alguien que ha decidido irse
Incomprensione, impotenza, compassione e rispetto dinanzi a chi ha deciso di andarsene

La vida, ya lo sabemos desde la noche de los tiempos, siempre depara sorpresas. Dulces y amargas. En alguna medida previsibles o totalmente inesperadas e inexplicables. Muchas de estas sorpresas, sobre todo las amargas, conllevan una fuerte carga de profundidad, la inescrutable profundidad del ánimo humano, ese predio íntimo, privado, cerrado a cal y canto y que a menudo ni siquiera el propio titular consigue recorrer con soltura.
  Abro el correo y veo un mail de Beppe, un amigo de toda la vida. Espero las cosas habituales: los Alpes, el estado de nuestras nieves, alguna reseña gastronómica con las cosas que nos gusta comer, las pesadillas con los podadores que invaden su jardín, sus achaques y unas cuantas informaciones sobre amigos y conocidos.
  Pero hace unos momentos el mensaje fue breve, conciso, dramático: 
 
«Esta mañana me ha llamado nuestro amigo G.B. para informarme de que E., el hijo de B., ha puesto fin a su existencia, con un arma de fuego. No hay más detalles, ni se conocen los motivos. Ya te haré saber».

  Me quedé en silencio. Releí varias veces el mensaje. Y mientras, afloraban a mi memoria rostros, lugares, periodos, muchos aparcados en la noche de los tiempos. Pero emergía el rostro de E., primogénito de los tres hijos de mis amigos E. y B. El más tranquilo de los hermanos, el que cuando su padre y yo estábamos en el mundo de los radioaficionados – hablo de hace unas cuantas décadas – cogía a escondidas el micrófono y soltaba alguna frase: cosas divertidas, pero nunca tonterías. Hasta se había atribuido un propio skip name, un apodo que era el nombre del protagonista de una serie de relatos del gran Italo Calvino. Nunca supe si lo había ojeado o si iba de oídas.
  Hoy reviví en un frenético flashback esos días y años. Volví a ver a E. que se casó como sus padres, a los 17 años, para formar una familia tranquila a los pies de nuestros comunes Alpes. E., ese chico que de niño tuve en mis brazos y con quien jugábamos en casa de sus padres. E., el chico educado y siempre presto a la sonrisa, a la broma, a la salida con chispa.
  Pues eso. Son los recuerdos lo que lo complican aun más, que hacen aun más difícil comprender. Si algo hay que comprender.
  Quien abandona la vida, huye, no puede más, no encuentra resortes y se le ha acabado la esperanza, le han faltado apoyos a los que agarrarse.
  Y para quien queda, queda el dolor multiplicado por la incomprensión y por un sentido de responsabilidad a menudo injusto consigo mismo. No es fácil percibir signos, penetrar en el ánimo humano, interceptar el malestar más profundo de un ser, por muy cercano que sea.
 Como no es fácil ni tampoco justo juzgar. Desde mi tajante rechazo a la disponibilidad de la vida, propia o ajena, paso sin dificultad a la piedad, a la compasión (eso de “padecer con”) y me interrogo, me pregunto.
  El malestar más profundo, el dolor más intenso, un momento en el que no se vislumbran salidas, todo puede hacer precipitar una decisión.
  No comparto tu elección, querido E., porque siempre hay salida. Pero puedo lejanamente comprender que todo te pudo, que te sentiste tan pequeño y que probablemente todos hemos fallado en algo. Porque cuando alguien se va así, muchas culpas siguen quedando por aquí, aun sin ser conscientes de ellas.
  Descansa en paz, E.. Y paz quiero que encuentren tus allegados, tus hijos, quien te conoció.


Montañas del Valle Pellice (Torino) - Montagne della Val Pellice (Torino)


La vita, già lo sappiamo dalla notte dei tempi, ci riserva sempre sorprese. Dolci e amare. In certa misura prevedibili o completamente inattese e inspiegabili. Molte di queste sorprese, soprattutto le amare, si portano appresso una forte carica di profondità, l’inscrutabile profondità dell’animo umano, quel ridotto intimo, privato, chiuso a doppio battente e che spesso neppure il proprio titolare riesce a percorrere con disinvoltura.
  Apro la posta elettronica e vedo un messaggio di Beppe, amico da sempre. Mi aspetto le cose abituali: le Alpi, lo stato delle nostre nevi, qualche menzione alla gastronomia con le cose che più ci piacciono, i mal di testa con i suoi potatori che invadono il giardini, gli acciacchi e notizie relative ad amici e concenti.
  
  Un momento fa, però, il messaggio era breve, coinciso, drammatico:
 
 
«Stamani mi ha chiamato il nostro amico G.B. per informarmi che E., il figlio di B., ha posto fine alla sua esistenza, con un’arma da fuoco. Pero ora non ci sono particolari e non si conoscono i motivi. Ti farò sapere».  
 


  Sono ammutolito. Ho riletto varie volte il messaggio. E nel frattempo affioravano alla memoria volti, luoghi, periodi, molti parcheggiati nella notte dei tempi. Emergeva, ciò nonostante, il volto di E., primogenito dei tre figli dei miei amici E. e B.. Il più tranquillo dei fratelli, colui che quando suo padre ed io stavamo nel mondo dei radioamatori – parlo di alcuni decenni addietro –prendeva di nascosto il microfono e pronunciava alcune frasi: cose divertenti, mai scemenze. Si era persino attribuito un proprio skip name, un soprannome che era il nome del protagonista di una serie di racconti del grande Italo Calvino. In realtà, non ho mai saputo se li conosceva o se solo ne aveva sentito parlare.

  Oggi ho rivissuto in un frenetico flashback quei giorni e anni. Ho rivisto E. che si sposò come i suoi genitori, a 17 anni, per formare una famiglia tranquilla ai piedi delle nostre comuni Alpi. E., quel ragazzo che da bambino ho avuto tra le braccia e con cui giocavamo a casa dei suoi genitori. E., il ragazzo educato e sempre pronto al sorriso, allo scherzo, all’uscita brillante.


  Eh... già… Sono i ricordi a rendere le cose ancor più complicate, a rendere più difficile la comprensione. Sempre che ci sia qualcosa da comprendere.
  Chi abbandona la vita fugge, non ne può più, non trova stimoli ed ha perso la speranza, gli sono mancati appoggi ai quali potersi afferrare.
  E per chi resta, rimane il dolore moltiplicato dall’incomprensione e da un senso di responsabilità spesso ingiusto con sé stessi. Non è facile percepire segni, penetrare nell’animo umano, intercettare il malessere più profondo di un essere umano, per quanto vicino ci possa essere.
  Come non è facile e neppure giusto giudicare. Dal mio netto rifiuto alla disponibilità della vita, propria o altrui, passo senza difficoltà alla pietà, alla compassione (“patire con”) e m’interrogo, mi domando.
  Il malessere più profondo, il dolore più intenso, un momento in cui non si intravedono uscite, tutto può far precipitare una decisione.
  Non condivido la tua decisione, caro E., perché sempre c’è un’uscita. Posso però lontanamente comprendere che tutto ti ha schiacciato, che ti sei sentito tanto piccolo e che probabilmente tutti abbiamo sbagliato qualcosa. Perché  quando qualcuno se ne va così, molte colpe restano tra di noi, anche se non ne siamo coscienti.
  Riposa in pace, E.. E pace voglio che trovino i tuoi cari, i tuoi figli, chi ti conobbe.

lunes, 5 de diciembre de 2011

(123) Si de veras está todo como me lo pintáis, pues apaga y vámonos.
Se davvero è come me lo dipingete, si salvi chi può




No merece la pena perder tiempo en un enésimo artículo.
Con algunas líneas es más que suficiente. Estas:




Nunca me reconoceré en una sociedad que niega la existencia de sentimientos auténticos.

Nunca tomaré parte en la ceremonia y en la cultura del “sospecha, siempre y por si acaso”.

Nunca podré dar coba ni mucho menos crédito a los de la soporífera retahíla: “Todos malos y corruptos, menos yo”.

Y mucho menos colaboraré en mantener en vida el goebbeliano culto de la mentira y del infundio sin base: “Ensucia, que algo queda”.

Para esto y algo más, me declaro en rebeldía.

Que lo arreglen ellos, los gurús sabelotodo de la mucha labia. Una comunidad que va “in crescendo”.

Por último, una propuesta a la RAE para un palabro multicomprensivo: “fanatofiliofóbico”.


IN MEMORIAM
Paul Joseph Goebbels
(Rheydt, 29 de octubre 1897 – Berlín, 1 de mayo 1945)

(123) Si de veras está todo como me lo pintáis, pues apaga y vámonos.
Se davvero è come me lo dipingete, si salvi chi può



No merece la pena perder tiempo en un enésimo artículo.
Con algunas líneas es más que suficiente. Estas:




Nunca me reconoceré en una sociedad que niega la existencia de sentimientos auténticos.

Nunca tomaré parte en la ceremonia y en la cultura del “sospecha, siempre y por si acaso”.

Nunca podré dar coba ni mucho menos crédito a los de la soporífera retahíla: “Todos malos y corruptos, menos yo”.

Y mucho menos colaboraré en mantener en vida el goebbeliano culto de la mentira y del infundio sin base: “Ensucia, que algo queda”.

Para esto y algo más, me declaro en rebeldía.

Que lo arreglen ellos, los gurús sabelotodo de la mucha labia. Una comunidad que va “in crescendo”.
Por último, una propuesta a la RAE para un palabro multicomprensivo: “fanatofiliofóbico”


IN MEMORIAM
Paul Joseph Goebbels
(Rheydt, 29 de octubre 1897 – Berlín, 1 de mayo 1945)

martes, 29 de noviembre de 2011

(121) La pequeña gran mujer que más he amado, un recuerdo imborrable
La piccola grande donna che più ho amato, un ricordo incancellabile

Esta vez no voy a acumular muchas palabras. No las hay, no serían suficientes para transmitir plenamente emociones tan profundas. No es fácil ni para mí que trabajo con la palabra y de la palabra vivo y he vivido toda mi vida. Pues el “seré breve” por una vez será muy cercano a la verdad.
  Esta mañana, como pueden ver en el frame aquí a lado, tuve que comentar una noticia concerniente el puente de Howrah, en Calcuta, uno de los más transitados del mundo. Y no pude evitar percibir un fuerte flashback, una vuelta atrás, frenética, la visión de una sucesión de imágenes antiguas: el puente que más de una vez crucé; una mujer bajita y enérgica; una megalópolis en continuo movimiento; cuerpos sin vida o casi sin vida tirados por las calles; otros cuerpos, hacia el final de su existencia alineados en modestas camillas en un sótano de un templo dedicado a la terrible diosa Khali.
  Fue allí - era el año 1976 - donde se cruzó en mi vida una pequeña albanesa de cuya existencia el mundo se enteraría más tarde. Agnes Gonxha Bojaxhiu, este era su nombre. Se dedicaba con un grupo de chicas y monjas, ayudadas por voluntarios de varios países, a ofrecer algo que nuestro mundo no siempre otorga: la dignidad del ser humano en el momento dela muerte.
  En los días y en las noches de ese atropellado cruce de humanidades que sigue siendo Calcuta, decenas de miles de hombres, mujeres y niños se acostaban y se acuestan en las aceras, en los umbrales de las casas, en cualquier rincón donde uno cree poder obtener un mínimo de cobijo. Y entonces, y hoy todavía, muchos no despertaban ni se levantaban. Cientos, miles, terminaban y terminan ahí su existencia, ante la indiferencia de los transeúntes, muchos de ellos titulares de propios y no indiferentes problemas.
  Pues Teresa – ese fue el nombre que Agnes adoptó y con el que más tarde la conoció el mundo – se rebeló. Sin medios, en un sótano de un templo prestado por una religión muy lejana, comenzó a recoger, cuidar y dar dignidad en el último tramo de su vida a cientos, a miles de seres humanos. Comenzó cuando la lepra era el principal verdugo y “leproso” o “apestado” no eran eufemismos, más bien palabras terroríficas que alejaban a mucha gente espantada.
  Ahí, en Khaligat, en la penumbra de ese gran sótano, tuve un gran privilegio, el inmenso placer de apretar la mano a moribundos. También, afortunadamente, la de mantener en la mía la de algunos agraciados que consiguieron salvarse. Pude acompañar y acariciar a muchos “apestados” que me regalaron sonrisas agradecidas, las que hoy todavía guardo en mi corazón y en mi mente.
  Aquí sólo quiero decir: gracias, Agnes; gracias, Mother Teresa. Sólo con conocerte y conocer tu infinito amor hacia el ser humano, ya se ha justificado mi vida. Y deja, hermana y amiga, que, a pesar de tu modestia y sencillez, siga proclamando que eres la más pequeña y la más grande de las mujeres que he conocido. La que más he amado y  que amo y admiro en un recuerdo imborrable.

viernes, 25 de noviembre de 2011

(120) Hay banqueros y banqueros, como hay periodistas y periodistas, hombres y hombres, mujeres y mujeres. Así de sencillo y afortunadamente
Ci sono banchieri e banchieri, come ci sono giornalisti e giornalisti, uomini e uomini, donne e donne. Così semplice e per fortuna


Después de estos dos tweets míos, rebotados cientos de veces, siento el impulso de escribir una carta al Consejero Delegado del banco del que soy cliente.
Aquí tenéis copia. Por favor, comentad lo que opináis de esto.


Dopo questi due miei tweets, rilanciati centinaia di volte, sento l’impulso di scrivere all’Amministratore Delegato della banca di cui sono cliente.
Ecco una copia. Per cortesia, commentate ciò che ne pensate.


Madrid, 24 Noviembre 2011. 

Estimado Sr. Consejero Delegado:
Me doy cuenta de lo precioso que es Su tiempo (“El tiempo es oro”, reza el adagio) y también de cuántos problemas Le acarrean las turbulencias financieras, económicas y políticas tan interconectadas en esta crisis que recorre el mundo occidental, el mundo este nuestro, el mundo próspero y de la barriga siempre llena, naturalmente. Esa gran parte de la Tierra que explotamos y olvidamos, con su pobreza y una crisis que allí ya tenía bien ganada su carta de naturaleza.
  Si Ud. me permite, quisiera sólo decirle que los operadores de finanzas, banqueros, brokers y todos los que trabajan con ese mediador de intercambios que, según Vespasiano, “non olet”, todos ellos tienen esperanza. De corazón, se lo digo: todavía tenemos esperanza en Uds. Y, mire Ud., acabo de comprobar que en esa esperanza creen muchos ciudadanos de a pie, hombres y mujeres cuyo denominador común son los problemas de cada día, los avatares de la cotidianeidad. Mayormente, casi universalmente, tienen algo en común: estar hipotecados, es decir “casados” con Ud. o con alguno de Sus muchos colegas.
  No Le hago perder más tiempo. Me gustaría sólo contarle que hace unas horas, cuando en Twitter lancé una breve noticia, ocurrió lo nunca visto. Fue inmediata la reacción: uno detrás de otro, llegaron los RT, esas repeticiones de mi mensaje para que pudieran leerlo en otros foros, otras gentes, más frecuentadoras d Internet.
  ¿Por qué ocurrió? Es fácil de comprender. Este fue el texto de mi noticia: «Todavía podemos tener esperanza. Sicilia, aluvión y desastres. Y un banco, sin pedirlo nadie, suspende TODAS la hipotecas de la población».
  Sí, claro, reconozco que el íncipit contenía un mensaje positivo y al mismo tiempo una chispita de provocación. La suficiente para suscitar la inmediata reacción de los frecuentadores de Twitter, muy sensible, como ciudadanos a menudo “empapelados”, hacia todo lo que concierne la relación con las entidades de crédito y ese miembro de muchas familias que es la popular hipoteca.
  Cuando más tarde añadí la información de que otro banco se había unido a la suspensión por un año del cobro de hipotecas, entonces se produjo un acelerón en las reacciones. Y alguien, no sin sorna, propuso presentar a esos bancos a la candidatura de algún premio internacional de solidaridad, defensa de los derechos humanos o similar.
  Le confieso, Señor Consejero Delegado, que en mi ya larga vida y no mucho menos largo ejercicio de la profesión periodística, ese fue el lapso más largo de tiempo que viví sin escuchar, hablando de bancos, ni un solo improperio, crítica, mofa, chanza u otra lindeza dirigida al mundo de las finanzas. Y, ya se dará cuenta Ud., no son estos los mejores tiempos para las relaciones entre ciudadanos y bancos.
  Pues no me queda más que concluir. Se trataba sólo de esto. De hacerle saber – si alguna vez se distrajo – que basta con poco para recuperar y mantener la confianza, el respeto, la debida buena relación entre Uds., proveedores de servicios, y los ciudadanos usuarios de aquello que Uds. ofrecen en sus ventanillas. Basta, como hemos podido empíricamente constatar en Twitter, con recordar esa función social con la que nacieron las primeras instituciones de crédito de la Historia. Basta, sobre todo, con recuperar algo de humanidad y sensibilidad, a la par del abandono de la codicia, la frialdad, el desinterés por la sociedad y sus atribulados habitantes.
  Seguro de su atención, manteniendo todavía viva la esperanza, quiero expresarLe mi más sentida consideración. Le transmito, con esta ocasión, los obsequios de muchos “twitteros”, mujeres y hombres dispuestos a otorgar confianza para el nuevo rumbo que Ud. querrá dar a la institución que dirige.
  Atentamente.

martes, 15 de noviembre de 2011

(118) ¿Libertad de pensamiento? Dejemos de tomarnos el pelo… El “pensamiento único” avanza, imparable y sin percibirlo conscientemente
Libertà di pensiero? Non diciamo sciocchezze… Il “pensiero unico” avanza, inarrestabile e senza che se ne abbia piena coscienza.

Hace unos cuantos años decidí que, salvo en determinados ambientes y en contadas y comprobadas compañías, nunca más hubiese debatido, en España, sobre una media docena de argumentos. Fue una rendición ante la evidencia. La comprobación de que el “pensamiento único”, y el “ningún pensamiento”, habían ganado terreno de manera apabullante a la capacidad de diálogo, al respeto de las opiniones ajenas y a las diferentes -y a veces diametralmente opuestas- visiones de la vida.
  Seguro que habrá quien objete y dirá que estoy exagerando. Y seguro que muchos lo dirán creyendo en lo que dicen. También eso lo he constatado: está muy extendido el ámbito de los tabúes y de las imposiciones ideológicas, hasta tal punto que la discrepancia, la defensa de posiciones diametralmente opuestas -casi de trinchera- o muy alejadas, todo lo que sea no seguir el santo y seña del “es así, porque sí”, es casi heroico.
  No, no es necesario enumerar. No voy a entrar en el detalle de temas, argumentos, posiciones e ideas. Sencillamente, llevo mucho tiempo constatando que lo mismo que aquí conlleva muchas dificultades, en cuanto cruzas el Pirineo, o te reúnes con amigos extranjeros, no importa su procedencia, todo se hace más fácil y en la confrontación de ideas pueden convivir opiniones tan alejadas como el Himalaya del Mato Grosso o los pingüinos de la víbora cornuda.
  Están ganando la batalla, todas las batallas y la misma guerra, los que con hábil estrategia de lavado de cerebro han hecho asumir a una parte importante de la sociedad que lo moderno, lo progre, lo avanzado y el “no va más” es pensar como parte del rebaño. Y el ostracismo para quien no quiera comulgar con ruedas de molino.
  ¿Que soy poco claro? ¡Claro! He comenzado apuntando que algunos argumentos no se me ocurre debatirlos aquí, ni tan siquiera enunciarlos. Para ello tengo otros medios, otros países y otras lenguas en las que es tan posible como normal y aceptado ¿Que soy críptico? Pues sí. Y permítanme que siga siéndolo con estas parrafadas encriptadas. Un seguro refugio para expresarse sin que te salten encima porque no piensas como el rebaño.

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Texto encriptado en Ron's Code 2 (RC2) - Key: OSA123456789 y IV: 987654321OSA

miércoles, 9 de noviembre de 2011

(117) El "pensamiento único" y los tabúes al pensar en voz alta en España, según unos twitteros
Il “pensiero unico” e i tabu quando in Spagna si pensa ad alta voce, secondo utenti di Twitter

Con la limitación de los 140 caracteres, y en tres tiempos, lancé unas preguntas en el Time Line de Twitter. No era un sondeo ni tenía la pretensión de parecerse.
  Sólo quería corroborar empíricamente algo que a estas alturas ya no necesito comprobar. Son muchas décadas aquí... Pero...
  Gracias a tod@s por no haberme dejado como un ciego o un despistado. Son las respuestas que esperaba. Todas y cada una.


Estos fueron mis tweets:

1) Pequeño test. Me gustaría leer opiniones. Por qué creéis q en España es más difícil q en otros países pensar en voz alta, discrepar -en…

2) … muchos temas- de corrientes dominantes, “pensamientos únicos”, etc... Es una observación muy evidente…  Aquí te comen vivo…

3) Me refiero a argumentos tabúes, divergencias irreconciliables, imposibilidad de poner en cuestión, etc. etc….


Y estas las respuestas de quienes intervinieron:
(Una selección de las que no han mezclado temas)

 De @jaimeabeja - @JostoMaffeo debe ser la influencia de la religión católica. Una organización basada en dogmas y con tanto arraigo hace difícil el debate
De @estePepin - @JostoMaffeo será, quizás, por fanatismo... entendiendo fanatismo por pasión? somos muy pasionales y vehementes a la hora e expresarnos, no?

De @jaimeabeja - @JostoMaffeo piense también cuántas reformas (religiosas) triunfaron en España: ninguna. Triunfaron en países mucho más avanzados (ALE, UK)

De @franleiro -  @JostoMaffeo Quizás por la tendencia fanática de nuestra educación? Defendemos nuestros ideales como quien defiende los colores de su equipo

De @JostoMaffeo - Pero no voy a opinar. Aquí voy de observador. Sólo un subrayado. España tiene lo mismo que tienen sus países vecinos. No le falta ni le sobra

De @lavidriera64 - @JostoMaffeo sigue habiendo doble moral, puedes pensar pero no lo digas... increíble y vergonzoso a estas alturas Josto

De @rosypunto - @JostoMaffeo porque no respetamos que alguien pueda tener una opinión diferente que la nuestra, queremos tener siempre razón.
De @ChusBello - @JostoMaffeo Todos te responderán por peteneras. Para tomarle el pulso a la opinión hay q sacar temas concretos. Yo no me atrevo...

De @franleiro -  @JostoMaffeo Además tiene mucha culpa la pereza, no pasamos el trabajo de informarnos más que por la única fuente que queremos escuchar.

De @JostoMaffeo - @ChusBello No, me interesa la actitud general, no tanto el tema concreto. Es una observación que apasiona e intriga a muchos visitantes.

De @lacelda24601 - @JostoMaffeo Fundamentalmente, por el sistema con que nos educan. No hay posibilidad de discrepancia o crítica. Se basa en aprendiz memoria

De @lacelda24601 - @JostoMaffeo De ahí que no estemos acostumbrados a que nos desmonten nuestros dogmas.

De @murciglero - @jostomaffeo Ejemplo: si presumes de español, se te vincula a la derecha (la sombra de Franco es alargada). Vascos, gallegos, catalanes...
De @ChusBello - @JostoMaffeo Pero filosofarán sin entrar a saco, Josto... Sin ver la realidad. Pregúntale a @ElCamisilla la libertad d opinión q impera...

De @ChusBello - @lacelda24601 @jostomaffeo Ahí tienes, Josto. Filosofía en estado puro.

De @JostoMaffeo - Interesante, interesante. Y a más aportaciones, más riqueza de material para entender, aunque es una muestra muy pequeña y circunscrita.

De @maribellhm - @JostoMaffeo la diferencia de opinión se torna en beligerancia personal
De @RamonSanchis - @JostoMaffeo 1) Por que salimos de una dictadura hace 4 días, como aquel que dice...

De @HugoFSilberman - @JostoMaffeo 1periodista a quién seguía (C.Carnicero) me bloqueó x criticar sus posiciones, comentarios y trayectoria. "En casa de herrero..."

De @olea - @JostoMaffeo tal vez inconscientemente asumimos la ideología de un bando o colectivo en lugar del pensamiento crítico individual #dosespañas

De @JCMorado - @JostoMaffeo Somos un país cainita: de izqdas o de drchas, del Barça o del Madrid. No hay términos medios, así nos va.
De @HugoFSilberman - @JostoMaffeo Entiendo p quería significar q tb hay responsabilidad nlos creadores d opinión y quienes dbn reflejar la realidad sin crispar

De @elcamisilla - @ChusBello @JostoMaffeo Valentía tuitera! Si no opinas no te equivocas! Yo, prefiero equivocarme. Además, te avisan, rectificas y arreglao!

De @lacelda24601 - @ChusBello @ElCamisilla @JostoMaffeo Si piensas diferente, o si invitas a replantear, eres un peligro, un desestabilizador.

De @lacelda24601 - @ChusBello @ElCamisilla @JostoMaffeo Cuando oigo: "Como en España, no se vive en ningún sitio". Yo pregunto: ¿En cuântos países has.vivido?  (*)

De @JCMorado - @JostoMaffeo Preferimos ahogarnos antes de aceptar la mano salvadora del rival.

De @ChusBello - @lacelda24601 @elcamisilla @jostomaffeo En "ningún sitio". Está clarísimo... No sé dónde queda, pero la mayoría lo ha visitado.
De @elcamisilla - @lacelda24601 @ChusBello @JostoMaffeo ¿vivido? ¿vivido? en España tampoco

De @florgonio - @JostoMaffeo falta de costumbre
De @ladelarco - @JostoMaffeo será la herencia d franco?

De @Aguaazulverde - @lacelda24601 Gracias por decir lo que pienso tantas veces al oir esa frase..... @ChusBello @ElCamisilla @JostoMaffeo ¡ (Se refiere a *)


viernes, 4 de noviembre de 2011

(116) Corrupción lapidaria en el aula magna. Nada nuevo bajo el sol. Y en la Universidad, tampoco
Corruzione lapidaria nell’aula magna. Niente di nuovo sotto il sole. E neppure all’Università

Todo periodista que se precie y que tenga cierto recorrido profesional debe algo a algún que otro “garganta profunda”. Por lo menos, debe el input, esa frase, insinuación o comentario, que ha constituido el estímulo inicial para recorrer el camino de un acontecimiento o la comprobación de una noticia.
  Mi último “garganta profunda” es maño. O, a lo mejor, tendría que decir “magno”. Porque es en un aula magna, la de la Universidad de Zaragoza, donde se ubica el escenario de lo que les voy a relatar.
  Huésped de ese precioso edificio muy bien restaurado y conservado, pasé al lado de Miguel Servet, hice mi agradecida reverencia al cruzarme con la efigie marmórea de Don Santiago Ramón y Cajal, subí esa escalera que lleva al rojo fuerte de los pasillos superiores y me metí en ese escenario de mil acontecimientos – académicos y no – que es la preciosa aula magna.
  Allí me esperaba mi “garganta profunda”, un auténtico cicerón en cuya memoría residían fechas, acontecimientos, detalles, circunstancias, anécdotas, citas. No, no piensen Uds. en un personaje con gabardina y sombrero bajado hasta las cejas para ocultar su identidad. Allí, bien iluminado por el sol zaragozano que filtraba por los amplios y polícromos ventanales, mi informador ostentaba vestimenta muy refinada que sabía conjugar sin estridencias lo clásico con una pizca de atrevimiento moderno.
  Y comenzó la visita del aula magna. Descripción de cada pieza y rincón, explicación de las funciones del mobiliario, algún apunte sobre ceremonial y ubicación del senado académico y un sinfín de datos interesantes o curiosos.  Hasta que llegamos a una de las dos grandes lápidas que, enfrentadas,  se apoyan en las paredes laterales; una justo detrás de la cátedra de las lecciones magistrales, la otra, a la misma altura, cerca de una puerta de servicio.
  Como pueden observar en las imágenes, su trata de dos lápidas de cierto tamaño: unos escasos tres metros de alto por un ancho de algo más de un metro. Lo habitual: superficie marmórea, con sus vetas grisáceas, e inscripción esculpida y rellenada con una pátina dorada.
  «Mármol de Carrara, como puede observar», me espeta mi “garganta profunda. «Pues eso parece…», contesto, acercándome. Y en eso mi interlocutor golpea con los nudillos en varios lugares de la lápida, que emite un sonido sordo, modernizado, el mismo con que nos contestaría el toqueteo de un armario.
  Extrañado, sorprendido, me acerco cual Santo Tomás y constato repetidamente que ese perfecto mármol de la costa toscana italiana es… vulgar madera y ni siquiera de la mejor.
  Y aquí viene la anécdota, que mucho dice de que todo ya ocurrió y no hacemos otra cosa que repetir más de lo mismo. Una consideración que, ahora que vivimos la intensidad, la vehemencia, las acusaciones cruzadas de una campaña electoral, viene al caso.
  Me explica mi informador que en un acta de 1893, un asiento contable, está muy bien anotado el gasto, nada indiferente, para la realización y colocación de esas dos grandes lápidas que a lo largo de 118 años han visto desfilar reyes, eruditos, docentes, estudiantes, autoridades y pueblo llano que ha sido protagonista o testigo de un sinfín de actos.
  Todos ignaros de que, ya entonces – un déjà vu al que estamos desgraciadamente acostumbrados –   alguien se metió en el bolsillo la conspicua diferencia entre el blancor de Carrara y el grisáceo de una madera del montón.
  Y a propósito de montón, tanto monta… Porque lo que vemos y leemos hoy en día no es nada más que la perpetuación de uno de los vicios que, cuando se presenta la ocasión y no sabe resistir la tentación, el ser humano ha ido perpetuando y perfeccionando. Hasta hoy.